Odio cuando sale el sol y no se distingue la mañana de la tarde más que porque llega la noche y lo tiñe todo de negro. Es como una puta cuesta arriba que dura meses y meses.
Cada día se me hace más difícil levantarme, me pesa todo, me duele todo, me siento cansado, me siento agobiado,… necesito luz. Los meses de sol pasan demasiado rápido para mi gusto, tanto que ahora aquí estamos, abrigados hasta las orejas, y yo con una mala leche de tres pares de bemoles.
Lo único que me gusta de la navidad y del invierno es que, inevitable y felizmente, terminan y se van a tomar por el culo dando paso a meses de solecito, pantalones cortos, tardes de sol en el parque con los amigos e ir a todas partes en chanclas… cuando cruzarse Madrid en moto en cualquier momento no supone arriesgar la vida entre tanto coche abusón que se piensa que un campo de fuerza invisible me protege de matarme si me cierran el paso entre dos coches y un camión mientras no veo un pijo con tanta lluvia.
Odio la lluvia, detesto la nieve, no soporto pasar frío en la calle e ir a todas partes con más capas que una cebolla. Al primer infeliz que me diga que esto mola le voy a romper un poster de una playa de Cádiz en la cabeza y voy a rematar la faena derramando ese chocolate calentito que tanto le gusta, a ver si le hace gracia.
Feliz Navidad a todos los que, como yo, añoran el verano.
Amen
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