martes, 26 de abril de 2011

¡¡¡POCHOLATE!!!

Llevo dos semanas siguiendo una dieta que me ha pasado un amigo para que, al combinarla con la tabla del gym, pueda mejorar mi forma, mi fondo físico y, qué diantres, mi tipín. En resumen, llevo dos semanas pasando más hambre que la mejor amiga anoréxica de Kate Moss (¿esa mujer tiene amigas? y, de tenerlas, ¿siguen vivas?). Y es que es ver una palmera de chocolate, salivar cual Rott Weiler y ponerme to burraco. Esta tarde caí. Sí. Y no me arrepiento.

Conduje mi moto hasta el centro de la ciudad para aparcar cerca de una panadería-bollería “especializada en palmeras de chocolate de dos sabores con cuatro dedos de chocolate” (yo la llamo así porque no recuerdo el nombre del local) y aún me sigo relamiendo de tan sólo recordarlo. Lo volvería a hacer. Lo volveré a hacer. Se lo dije a la dependienta. La miraba y le decía, sin más, “lo volveré a hacer” y ella me contestaba con una sonrisa medio acojonada, medio  "Mary, síguele el rollo a este loco y que se pire", mientras agarraba un objeto contundente, por si las moscas. No la culpo. No todos los días un tío de un metro ochenta te dice “lo volveré a hacer” con la boca llena de chocolate. Lo mismo a ella sí le pasa, lo mismo no.  Pero, lo cierto, es que hoy lo ha sufrido en sus propias carnes. Pobre.

Estoy fatal de lo mío.

Ahora estoy pagando las consecuencias, no porque la conciencia esté aporreando mi puerta, no, que puede llamar todo lo que le venga en gana. Yo paso. Sino porque estoy cenando agua. Una de cal…

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