Esta mañana, al quinto cabezazo contra el teclado del ordenador, decidí levantarme e ir a por una ‘coa’ a la máquina de refrescos que está en la otra esquina de mi planta y, de paso, me mojaba un poco la cara para despertarme un poco más.
A la que volvía a mi mesa, me crucé con mi amigüita Mar, que me comenta que está haciendo un curso de redes sociales y que ya sabe, dicho con cierto tono agrio y sarcástico, lo que es un tweet y un retweet.
- Ah, tía, pero ¿No tienes twitter? Yo sí que lo tengo.
- Ya pero ¿Lo usas?
- No lo usaba mucho pero ahora con la app del móvil pues un poco más, además que mola porque los cantantes y famosetes lo tienen y así te puedes enterar de lo que hacen y tal. Está gracioso.
- Ya, tío, pero son sólo ciento cuarenta caracteres. Que eso a mí no me da pa na.
- Hombre para poner ‘estoy hasta el coño de todo’ te llega.
- No, qué va tío, yo soy más profunda.
- Pues pones ‘Estoy hasta lo más profundo del coño de todo’.
Casi la mato de la risa.
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