- Para ti la vida es como comer en un Restaurante Chino, en una mesa enooome repleta de platos y atestada de gente que no para de comer y en la no hay dos comensales que coman igual.
- ¿Pe-perdona? – me dijo-. ¿Qué tendrá que ver eso con lo que tenemos tú y yo?
- Pues muy sencillo. Hay personas que se sientan a la mesa y comen de todo, en todo momento. Lo mezclan y no les importa. Comen arroz, pollo, pato y ternera. Los van alternando, mezclando y disfrutando sin pensar. Sin más. Hay cosas que las saborean aparte, pero no dejan de comer tallarines porque en una parte de su plato aún quede arroz. Sin embargo, tú, te sentaste a la mesa. Comiste y comiste sin miedo, hasta que se te atragantó un plato. Te sentó mal, por lo que fuere. Y ahora tienes miedo a seguir comiendo.
- Lo siento, pero no te acabo de seguir. ¿Me estás diciendo que todo esto es lo que, por lo que me conoces, has resumido de mi persona?-
Contesto con expresión de risa, burla y prepotencia a la vez. Todo en cantidades exactamente proporcionales.
- Sí, es más. Tú, en esa mesa enorme, te acabas de replantear tu manera de comer. Estabas lleno y dijiste ‘No quiero comer más’. Pero el siguiente plato te gustaba, así que comiste un poco. Por puta gula.
- ¿El siguiente plato? ¿Qué siguiente plato?
- Sí, pollo al limón.
- ¿Polló al limón? – replicaba estupefacto mientras su cara de bobo enfatizaba lo perdido que estaba.
- El cerdo agridulce te sentó como el culo. Picaste del pollo, te gustó. Pero no puedes comer más porque estás lleno y porque, lógicamente, los tienes de corbata.
- ¿Y qué hago?- delegó la responsabilidad.
- Al pollo le ha llegado un punto en el que se la suda que te lo comas o que pases. Hay más gente en la mesa que se lo quiere comer y, como te lo quiten o se enfríe, mal rollo.
- Eres un cabrón.
- Lo sé.
- …..
- Ahora habrá que preguntarle al pollo al limón si quiere seguir dejándose morder por ti ¿no crees?
- Tú ¿Qué crees que diría el pollo?
- Ni idea. –silencio incómodo-. Ni idea.
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