La semana pasada me caí con la moto, aunque lo correcto sería decir que la moto cayó sobre mí, porque fue así.
La entrada a mi garaje es una curva cerrada hacia la izquierda y en cuesta abajo con un suelo muy pulido. Se conoce que un coche pasó y dejó tras de sí una estela de tierra. Nadie barrió hasta que pasé yo, confiado de mí, y me resbalé. La moto cayó sobre mí aplastándome la pierna izquierda. ¿A que parece que me han amputado la pierna? No es para tanto.
Eso fue el jueves pasado.
Hoy tengo la mano izquierda raspada, los manguitos de los rotadores del hombro izquierdo doloridos, la rodilla izquierda con una herida contra la que todo roza (gentileza de la Ley de Murphy) y de mi tobillo izquierdo prefiero no hablar.
El caso es que ayer, sábado, me bajé a Seseña a pasar la tarde con Jake. Al terminar, Ana, Jake y yo decidimos ir a cenar a un restaurante que se encuentra a escasos trescientos metros de su casa.
Subiendo las escaleras me fijé en unos chavales con edades comprendidas entre los 18 y los 20 años. Eran los típicos chuletas soplagaitas ‘ninis’ de pueblo cuya única ambición en la vida es emborracharse, liarse con la Jenny de turno y fumarse tres cigarritos de la risa. Estos casos de chicos en los que la edad del pavo se prorroga hasta los cuarenta, pues esos. (Al menos yo lo visualicé así, lo mismo eran cuatro reconocidos neurocirujanos, premios nóveles de la paz pero, desde luego, no lo aparentaban).
Subiendo las escaleras me fijé en unos chavales con edades comprendidas entre los 18 y los 20 años. Eran los típicos chuletas soplagaitas ‘ninis’ de pueblo cuya única ambición en la vida es emborracharse, liarse con la Jenny de turno y fumarse tres cigarritos de la risa. Estos casos de chicos en los que la edad del pavo se prorroga hasta los cuarenta, pues esos. (Al menos yo lo visualicé así, lo mismo eran cuatro reconocidos neurocirujanos, premios nóveles de la paz pero, desde luego, no lo aparentaban).
Al faltarme un escalón para llegar al final de tramo de escaleras, me tropecé y casi me caigo. Gracias a Dios pude capear mi traspiés y continué subiendo. Mientras que el más subnormal de todos empezó a reírse de mí mientras buscaba un poco de aprobación en las miradas indiferentes de sus amigos.
Dios sabe que le hubiese arrancado el Cristo de golfi que llevaba colgado del cuello y lo hubiese convertido en su nuevo y definitivo supositorio. Dios perdió la cuenta de la cantidad de BARBARIDADES que le hubiese hecho a ese niñato por haberse reído de una persona con un problema. Dios no hizo comentarios al respecto y yo comprendí, por su mutis por el forro, que aquello que se pasaba por mi cabeza no estaba bien.
Pensé que yo, tristemente, también tuve la edad del pavo y fui tan tonto o más que ese pobre descerebrado así que, muy tranquilamente, me acerqué al chaval en pleno ataque de risa y le dije:
- Me vas a disculpar, campeón, pero tengo la rodilla mal y me cuesta mucho subir las escaleras. Sé que te puede hacer gracia pero a mí no me la está haciendo. Ojalá no me doliese y ojalá no te pase a ti para que se rían de ti mientras intentas ir a cenar, campeón. Te aseguro que no es nada agradable. Que tengas una buena noche.
No sabía dónde meterse, el pedazo cenutrio.
Morajela: No hubiese ganado nada encarándome, no hubiese ganado nada con la violencia (de hecho yo no soy violento, que noooo…), no hubiese ganado nada pasando. Los dos ganamos: yo comprendí que de que pequeño tuve esa etapa insoportable y él aprendió, por medio de la educación, del respeto y de la vergüenza que pasó, que reírse de una persona con un problema no está bien.
Y hasta aquí este tutorial sobre el respeto.
Aprendo yo, aprendes tú, aprendemos todos y, digo yo, que alguien lo aplicará.
Amor, te estas volviendo un viejo gruñon, si yo hubiera estado alli, bien sabes que me habria reido un poco de ti, incluso sabes que si hubiese sido yo la del traspies hubieses sido tu el de las risas, y yo contigo...
ResponderEliminarSupongo, no sé. A ratos pienso que me hubiese reído pero, de haberlo hecho yo, no hubiese sido una risa ofensiva. Bien es verdad que ya venía cargadito de antes. Además que lo de la rodilla me ha agriado bastante el humor estos días. Es muy molesto :(
ResponderEliminarY por cierto, Vir, yo no me reiría de alguien que no puede subir las escaleras porque está mal o físicamente no puede. Eso es cruel. Yo me puedo reír de un traspiés tonto gracioso de esos que le da a todo el mundo mil veces al segundo. Pero siempre sin malicia, no crees? :) y tú cuándo te dejas ver?? :)
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