martes, 15 de febrero de 2011

Perder a un amigo por querer lo mejor para él...

He perdido un amigo. ¿A que suena fuerte? Pues sí, lo es. Y, la verdad, honestamente, no creo que me haya afectado. Volverá, lo sé. Pero, de momento, no queremos saber nada el uno del otro. Yo le quiero mucho, sí. Pero no voy a irme llorando por las esquinas teniendo la conciencia limpia como ‘una pantera’.

Todo esto es sencillo de resumir: Él salió hace poco de una relación de pareja que ya duraba meses, casi harían un año cuando terminó. Su pareja empezó a comportarse de forma rara y un día, sin más, le dejó. No le dio más explicaciones que se encontraba mal, que tenía una depresión, que patatín, que patatán y que patatín pompán (no podía evitar hacer la coña).

Mi amigo, como es normal, me llamaba cada cierto tiempo (igual que yo a él) para charlar, comentarnos la jugada y estar al día el uno de la vida del otro. Me contó su ruptura y me confesó que estaba pilladete y que, ciertamente, esta situación le estaba haciendo polvo. Vamos, que estaba jodido.

Mi amigo es un tío jovial, pese a sus cuarenta primaveras (no le echarías más de 34, y es que se cuida mucho y tiene un cuerpo que ya lo quisiera yo para mí y no tener esta pancita que no me quito ni con ochenta cintas de video de Eva Nasarre, pero bueno), no le gusta demasiado la noche, si puede no salir, mejor, es más de charlas y cenas con amigos que de discotecas, tabacazo y resacas. Su pareja, ahora ex, era todo lo opuesto y, como no, la cabra tira al monte. Y así hizo.

El pasado sábado yo salí con mi ex compañero de piso e inestimable amigo Jp. Fuimos, ilusionasídimos nosotros, a estar en primera fila en el estreno de “Electrica” de la fabulosa Erica Magdaleno –aprovecho para felicitarla por su gran actuación y mandar saludos a Abel Arana y su troupe, que estaban a mi lado, majísimos todos-. Mientras esperábamos y nos tomábamos la cerveza de rigor, entre la gente, vi a la ex pareja de mi amigo.

No le noté muy afectado, la verdad. Estaba con otro tío de risas y enroscados en un beso de esos que te levantan hasta los empastes de amalgama de las muelas del juicio. “Ah, vaya, entonces se ha echado otro novio –pensé- y no se lo quería decir. A mí... bah, espera, que no tiene un novio nuevo… que tiene dos… ¿tres? Joer… ¡¡Lo que le cunde!!”.

En las dos horas que estuve en la discoteca perdí la cuenta de las barbaridades que vi a cierta persona hacer, no paraba de visitar el cuarto de baño, no repetía “amiguito” y, para colmo, me echó un poco el ojo.

Yo, enfadado de mí, pensé “Joer, ¿Se lo digo a mi amigo? Lo está pasando mal por esta persona…. ¿qué hago?” Y, total, lo hice. Se lo conté a través del Whatsapp en ese preciso momento.

Mi amigo estaba, afortunadamente, tomando algo en otra discoteca y se perdió el espectáculo. Me dio las gracias en ese momento pero, dos horas después, ya me estaba recriminando que debería no haberle dicho nada, que le había hecho daño.. ¿¿YO??

Yo argumenté que un amigo es el que te ayuda a desmitificar este tipo de relaciones y te obliga a pasar página, quizás no lo hice con todo el tacto del mundo (ya me conocéis, que tengo el tacto en el culo), pero, desde luego, lo hice con la mejor de las intenciones.

Al día siguiente le volví a pedir disculpas y me despachó con un “ya te llamaré cuando tenga mejores ánimos, cuídate”.

Así que campana y se acabó. La próxima vez, que viva con los ojos tapados, yo seré el amigo perfecto falso que todo se calla y todos felices e hipócritas de nosotros.

Qué mierda la doble moral… ¿No?

Chin pón.

2 comentarios:

  1. hombre, Mega, en este tipo de casos, las reacciones son imprevisibles. tus intenciones eran buenas, pero no puedes prever qué tal van a sentir al otro, sobre todo estando en un momento delicado. yo creo que no deberías haber dicho nada, al menos por móvil. en todo caso, al día siguiente, le llamas o quedas con él y, con calma, tanteas el terreno y lo cuentas si lo ves apropiado, o lo cuentas a medias... pero no le hagas mucho caso al enfado de tu amigo porque son cosas de corazón roto.

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  2. Ya, lo pensé después pero, aunque no me exime de culpa, cuando pasó todo me sentó tan mal que no lo pensé y por ello me disculpé.

    Yo creo que estoy pagando los platos rotos y el pobrecillo no tiene otra manera de focalizar su desazón que hacia mi persona. Mal hecho, pero bueno.

    Me dio mucha pena pero, al mismo tiempo, aprendí una lección.

    Cuanto más falso y pasota seas, más 'amigos' tienes.

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